
En un principio,
el diagnóstico debe hacerse empezando con una buena relación de los
síntomas que presenta el paciente, así como de las circunstancias en que éstas se producen, para detectar los factores causales y los factores desencadenantes que pudieran existir. Este relato de los síntomas es a veces difícil, y tiene que ser
conducido e interpretado por un médico, puesto que es un elemento fundamental para establecer la sospecha diagnóstica. Posteriormente, deberá confirmarse el diagnóstico con una serie de sencillas
pruebas complementarias.
La prueba complementaria esencial para la confirmación del diagnóstico del paciente con asma es la
Espirometría. Esta prueba sirve para objetivar la obstrucción de la vía aérea, en caso de que exist

a. También es útil para observar la evolución de la función respiratoria del paciente asmático durante el curso de su enfermedad. Además, si a esta exploración se añade la denominada
Prueba Broncodilatadora, que consisite en repetir la espirometría veinte minutos después de aplicar unas inhalaciones de un broncodilatador de acción rápida, se podrá demostrar una de las características especiales del paciente asmático, presente en muchos de los casos y que, si se da junto a unos síntomas compatibles con la enfermedad, prácticamente asegura el diagnóstico; esta característica, conocida como
Reversibilidad, consiste en la mejoría de la capacidad pulmonar con la administración del broncodilatador; si esta mejoría es igual o superior al 12%, la prueba será positiva y esto indicará que el paciente tiene unos bronquios que presentan cierto
grado de obstrucción (aunque la espirometría dé unos valores dentro de lo normal) y que responden favorablemente a la administración del broncodilatador.
Estas son los principales métodos a la hora de diagnosticar el asma, también existe una suerte de pruebas complementarias que explicaremos más adelante.
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